Todo fanático de Julio Cortázar tiene una relación fetiche con el metro, un gusto desmedido por ese mundo subterráneo lleno de secretos y misterios. Como uno de ellos, imagínense mi sorpresa cuando en el 2004 viendo el programa Plaza Italia, me entero que bajo nuestra estación Cal y Canto existe otra estación, completamente construida pero fuera de nuestro acceso. El underground de Cortázar existía. Sí, existía. Pero no en París, no en Buenos Aires, sino en nuestro querido Santiago city.
















